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Israel – Palestina / Israel – Palestine. Imagen vía: CER.

 Para Blog Elcano.

En mitad de tantos y tan graves acontecimientos registrados en el mundo árabo-musulmán, la ausencia de noticias sobre el conflicto israelo-palestino podría dar a entender que, en la práctica, nada relevante está ocurriendo en Palestina. Y, sin embargo, en cuanto se ahonda mínimamente más allá de ese aparente impasse, lo que se percibe es que:

 

En estas condiciones, cuando se constata que los Acuerdos de Oslo ni han permitido mejorar el nivel de bienestar de los palestinos ni acercarlos a su sueño de contar con un Estado, no puede extrañar que el 67% de la población ocupada prefiera la violencia a la negociación como mejor método para forzar la voluntad de Israel. Para la mayoría de los palestinos, la AP ha llegado a su punto máximo de descrédito, sin que confíen en que en algún momento se ponga en marcha el acuerdo para crear un gobierno de unidad, ni tampoco en que vaya a haber elecciones (presidenciales y legislativas) a corto plazo.

Del mismo modo, entienden que el intento de la AP de internacionalizar el conflicto –con pasos como su empeño para convertirse en Estado observador no miembro de la ONU y para ingresar en la Corte Penal Internacional– no ha rendido fruto visible alguno. Tampoco, más allá de las previsibles protestas israelíes, las restricciones impuestas por Bruselas a los productos fabricados en los asentamientos, la campaña BDS o el reconocimiento de Palestina como Estado por parte de diferentes gobiernos y parlamentos parecen suficientes para modificar el rumbo de quien se ha envuelto en un preocupante discurso que le hace verse como asediado frente a todos. No al menos, mientras siga sintiéndose respaldado por Washington, contando con que cabe suponer que Obama no va a quemar sus últimos cartuchos en un asunto del que no ha obtenido resultado alguno y viendo que todos los candidatos relevantes a la presidencia compiten entre sí para hacerse más merecedores de las simpatías de Tel Aviv.

Todo eso le permite a Benjamin Netanyahu mantener su rumbo, persiguiendo a los diputados árabe-israelíes como si fuesen parte de una “quinta columna” y a las ONG que reciben financiación extranjera. Cuenta con que, por un lado, Mahmud Abbas no cumplirá su amenaza de desmantelar la AP (obligando a Israel a asumir sus obligaciones como ocupante, pero también perdiendo su única plataforma de mínimo poder), que Hamas no está en condiciones de crear ahora serios problemas y, por último, que nadie podrá forzarlo a volver a la mesa de negociaciones. Y así, la idea de dos Estados se va diluyendo entre la indiferencia general.

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