
Para Ahorasemanal.es
Son viejos conocidos y han compartido responsabilidades de gobierno hasta hace poco más de un año (con Benjamin Netanyahu como primer ministro y Avigdor Lieberman como ministro de Exteriores). Pero sobre todo, son viejos rivales en su afán por hacerse ocn el liderazgo de la derecha israelí y el puesto de primer ministro. Aunque el primero -a punto de convertirse en el primer ministro más longevo en la historia de Israel- saca el momento una clara ventaja a su oponente, el segundo parece empeñado en sustituirlo a corto plazo.
Así cabe entender su decisión de aceptar la cartera de Defensa tras la renuncia de Moshe Yaalon. Lieberman vuelve al gabinete ministerial no solo como jefe del partido ultraderechista Israel Beitenu, sino convencido de que esa es la mejor manera para hacerse el día de mañana con el timón que le permita a Israel lograr el dominio total dePalestina. Por su parte, aunque Netanyahu ha dado este paso por consideraciones de política interior —fortalecer su exigua mayoría parlamentaria (61 escaños de un total de 120) con un socio que le permite elevarla hasta los 67—, su decisión también tendrá repercusiones internacionales.
Un gesto de este calibre supone asumir desafíos considerables. En primer lugar, deshacerse de este modo de Yaalon —exjefe de Estado Mayor de las Fuerzas Israelíes de Defensa— implica buscarse un nuevo rival político. No es Yaalon el primero que sale dando un portazo de las filas del Likud, argumentando que el deslizamiento ideológico hacia la extrema derecha que se viene produciendo con Netanyahu pone en peligro no solo al partido sino también la seguridad del país. En consecuencia, es previsible que pronto vuelva a la primera fila de la escena política nacional, tratando de recentrar al partido.
En esa misma línea, cabe imaginar que las relaciones de Israel con su principal valedor internacional, Estados Unidos, también estarán sometidas a una mayor tirantez, precisamente en el momento en que se están negociando los detalles del paquete de ayuda que Washington prestará a su aliado en la próxima década (por encima de los 4.000 millones de dólares anuales, si se confirman las previsiones actuales). Netanyahu se arriesga a que el nombramiento de Lieberman tensione dichas negociaciones con una Administración con la que ha tenido ya variados desencuentros, aunque seguramente confía en que Obama no pueda bloquear el proceso al estar a punto de abandonar la Casa Blanca.Netanyahu tampoco ha tenido reparos en volver a jugar a su antojo con su vecino egipcio, con quien había tratado de construir una cierta relación de confianza desde la llegada al poder del golpista Abdelfatah al Sisi. El rais egipcio ha quedado ahora desairado, emitiendo un comunicado de apoyo a la idea de los dos estados y a la iniciativa francesa para organizar una nueva conferencia internacional, tras haber entrado en un juego en el que también han participado Washington y París para relanzar el proceso de paz israelí-palestino. Por su parte, y a pesar de los desaires, EE.UU. sigue devanándose para sacar adelante un nuevo plan de seguridad que dé la suficiente tranquilidad a su aliado para adentrarse en una verdadera negociación que permita la creación de dos estados. Francia, mientras tanto, se apresta a celebrar una nueva conferencia internacional que debe llevar a la mesa a muchos actores implicados (pero sin seguridad, cuando se cierra este texto, de que asistan los representantes israelíes y palestinos), en un ejercicio condenado a la irrelevancia.