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Colombia

La buena noticia que esperaba el mundo en 2016 se ha malogrado. El esperado día D que debía comenzar el proceso formal de desmovilización de los guerrilleros no va a ser hoy. La sensación de tristeza y estupor es generalizada entre aquellos que creemos en la paz y apostábamos por un enérgico Sí.

Nadie había dicho que el fin de la violencia y la construcción de la paz en Colombia fueran a ser fáciles, pero el hecho de que más de la mitad de los votantes colombianos hayan dicho No a los acuerdos entre el gobierno colombiano y las FARC-EP abren un panorama muy preocupante en el que nadie, por el momento, tiene el guion escrito. La ausencia de un plan B y el exceso de confianza y la autocomplacencia con que los negociadores de ambos bandos enfrentaron la recta final del proceso pueden pasar una dolorosa factura a la sociedad colombiana. Lo sorprendente de los resultados pone de manifiesto el distanciamiento del gobierno Santos y de los comandantes de las FARC-EP respecto de la sociedad colombiana, su falta de sensibilidad para pulsar la realidad, y el ensimismamiento con el que se ha llevado todo el proceso de negociación. El fracaso de las encuestas previas, habitual ya en la mayor parte de consultas y elecciones en muchos países, es una muestra más de qué en sociedades complejas, y más aún en aquellas golpeadas por la violencia y con un elevado grado de polarización, son necesarios otros métodos y herramientas más sofisticados para analizar las dinámicas sociales.

Lo ajustado del resultado del plebiscito y el estado de shock en el que aún nos encontramos hacen difícil prever las diversas posibilidades para el futuro, pero pueden avanzarse algunas ideas apresuradas. Tiempo habrá para analizar más a fondo otras cuestiones como la propia convocatoria del plebiscito, innecesario para muchos al contar el presidente Santos con un mandato por la paz en su reelección:

Los próximos días son vitales para, pasada la impresión inicial, recomponer el impulso por la paz estando atentos a posibles complicaciones de la violencia en algunos territorios del país. Como hemos puesto de manifiesto y evidenciado, en escenarios confusos el riesgo es mayor y, por ello, la acción humanitaria debe estar presente.

 

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