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El agridulce sabor de las elecciones europeas. Banderas de la Unión Europea durante el Consejo Europeo de Bruselas (2017). Foto: European Council (CC BY-NC-ND 2.0). Blog Elcano

Para Blog Elcano.

Todavía a la espera de la confirmación final de resultados y con la idea clara de que el Parlamento Europeo (PE), a pesar de su creciente poder, no es el actor principal del entramado institucional de la Unión Europea (UE), es inevitable sentir que las elecciones europeas celebradas en los todavía Veintiocho dejan un regusto agridulce. Es cierto que podían haber sido nefastas, si se hubieran cumplido los pésimos augurios sobre el ascenso del antieuropeísmo; pero tampoco puede decirse que hayan despejado definitivamente las dudas existenciales sobre el futuro del club de mayor nivel de bienestar y seguridad del planeta.

En síntesis, cabría establecer que:

Dicho eso, y a la espera de que hacia finales de año se renueve el marco institucional con el nombramiento de una nueva Comisión Europea y la presidencia del Banco Central Europeo, sigue quedando pendiente todo lo que ya estaba antes de las elecciones. Hacia dentro, eso significa levantar la vista para salir del ombliguismo actual, tratando de reforzar el proyecto europeo con mayor énfasis en mejorar el bienestar y la seguridad de quienes ya somos privilegiados miembros del club. Y hacia fuera, exige una mayor coherencia de políticas, superando tanto el instinto regresivo de consolidar una fortaleza europea cerrada al mundo como la tacañería que impide hasta ahora implicarse decididamente en contribuir al bienestar y seguridad de quienes nos rodean.

 

FOTOGRAFÍA: European Council (CC BY-NC-ND 2.0)

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