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Introduction
The COVID-19 pandemic has not only generated new humanitarian needs but has also pushed some pre-existing needs into the background. During this session we will focus on how the pandemic has affected and is affecting the protection component and the displacement of people against the backdrop of the COVID-19 pandemic.
On the other hand, although in a complementary manner, we will analyse the state of localisation in the context of the pandemic. How this has meant a step forward or backward for this commitment that we are so far from fulfilling and what future prospects are envisaged.
Following on from the Grand Bargain commitments, we will look at Cash Transfer Programmes in the framework of Government Social Safety Nets.
Participants
Facilitator: Maria Salvador, Head of Programmes in Spain for Alianza por la Solidaridad.
- Liubka Milena Buitrago, gender focal point at Alianza Colombia.
- Rodolfo Beazley, independent consultant, Social protection specialist.
- Gloria Miranda Ángel, independent consultant, localization specialist.
¿Cuándo? 12th April | 15.30h-17.30h.
Language: Spanish.
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Introduction
The COVID 19 pandemic has brought many challenges to commitments and mechanisms that humanitarian agencies put in place to ensure quality and accountability of humanitarian work. This session will aim at analysing different tools and approaches that are essential to improving the humanitarian response including accountability to the affected communities, effective training of staff and volunteers and cash-based assistance.
Participants
Facilitator: Sandrine Morel, correspondent of the French newspaper Le Monde in Spain.
- Bonaventure Gbétoho Sokpoh, Senior Advisor on CHS and Outreach at CHS Alliance.
- Rory Downham, Director of learning and development at Bioforce.
- Guy Merlin Saint Jean. Technical officer at Alianza Haiti.
When? 13th April | 15.30h-17.30h.
Language: French.
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Introduction
After a year of pandemic, in which humanitarian organisations have faced significant challenges, this session will focus on drawing conclusions on what has been learned over the past year and how some of these issues are changing the international aid system and their implications for the medium and long term.
Through the presentation of short excerpts from the previous sessions and discussion with the invited guests, we will try to draw some conclusions on lessons learned and lessons to be learned.
Participants
Facilitator: Alejandro Zurita, CONGDE’s humanitarian action group vocal (to be confirmed).
- Julia Sanchez, general secretary at Action Aid (to be confirmed).
- Antonio Donini, researcher at Feinstein International Centre.
When? 15th April | 15.30h-17.30h.
Language: Spanish, with live interpretation into English.
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Alejandro Pozo Marín y Teresa Murray en LA ACCIÓN HUMANITARIA EN 2019-2020: UNA AGENDA CONDICIONADA POR LA PANDEMIA
Médicos Sin Fronteras (MSF) se autodefine como una organización comprometida con los principios humanitarios. En el terreno, la percepción de MSF está a menudo determinada por la de los miembros del equipo que trabaja en un lugar determinado, y son ellos quienes deberán demostrar un comportamiento acorde con esos principios. La pregunta obligada es si una organización humanitaria –cualquiera de ellas– puede garantizar la adhesión de su personal a esos principios en un contexto marcado por la coerción, la extorsión, la incertidumbre y el sufrimiento propios de las guerras, en las que la toma de partido es muchas veces impuesta. Y la respuesta, por supuesto, es que no.
El compromiso demostrado por los profesionales de la acción humanitaria en zonas de guerra ha sido, con mucha frecuencia, digno de elogio. El personal local presenta, además, características diferenciadoras con respecto a sus homólogos internacionales, que particularizan la pertinencia de reconocer su labor: porque su exposición física a las amenazas es mayor, porque se significan en contextos en los que el anonimato protege, porque ayudan a ‘otros’ cuando las necesidades de los ‘suyos’ están lejos de quedar cubiertas, o porque afrontan las consecuencias políticas y sociales de ayudar a quien se percibe como el enemigo.
Por su condición dual, como miembros de MSF y de su comunidad (y dentro de esta, con distintas pertenencias identitarias, de origen, grupo social o afiliación política, entre otras), cualquier miembro del personal local que viva en una zona en conflicto armado tendrá inclinaciones o reticencias en relación con las partes en contienda y estará influenciado por un entorno de presiones, sentimientos y sufrimiento que también le afecta directamente. De estar su supervivencia amenazada (o la de los suyos), es previsible que el compromiso con la organización quede en un plano secundario. Además, no parece prudente esperar siempre neutralidad e imparcialidad absoluta de alguien que debe socorrer a quien asocia con la causa de su desgracia, en particular cuando se prevé reincidencia. Al menos, conviene asumir que el cumplimiento del deber como profesional humanitario puede acarrear la condena y el ostracismo de una parte de la comunidad (o un problema de seguridad), por lo que la corrección profesional puede entrar en conflicto con el reconocimiento social. Tampoco cabe descartar que quien contrata nuevo personal, bienes o servicios pueda privilegiar a ‘su’ gente, en particular en situaciones de precariedad extrema o cuando no actuar de esta manera conlleve peligro. El personal local de MSF en zonas de guerra ha demostrado una humanidad, profesionalidad y compromiso excepcionales en circunstancias adversas y peligrosas para su integridad física y emocional. Con todo, no debería asombrar que, en determinadas situaciones, no haya cumplido siempre con los principios humanitarios, y sí que la expectativa de sus colegas expatriados o de la propia organización fuera la contraria.
Cuando la transgresión de las éticas humanitaria o médica aflora en el sector humanitario, se recurre con frecuencia a medidas disciplinarias reactivas como el despido o, de estar disponible, el litigio judicial. Sin embargo, no suelen cuestionarse las deficiencias y responsabilidades de las organizaciones en el análisis de contexto y la identificación de riesgos, la falta de estrategias proactivas de prevención o la ausencia de alternativas para que determinados miembros del personal local no tengan que enfrentarse a dilemas dolorosos cuando deben curar, seleccionar o contratar. La mera exposición de estas preocupaciones suele tacharse de políticamente incorrecta, por la percepción de que se propone juzgar y cuestionar la lealtad, el compromiso o la capacidad del personal local y no las circunstancias que les afectan; o de que se denigran las virtudes de lo local frente a las pretendidas bondades de un personal internacional que también está sometido a presiones, intereses y oportunismos. La población local, tradicionalmente tratada como víctima pasiva, es hoy considerada, en el discurso más que en la práctica, como protagonista de una toma de decisiones que le afecta, y el sector humanitario ha reformulado recientemente el marco normativo de la denominada ‘agenda de localización’, que incorpora desde el aumento de la financiación de grupos locales, hasta una revisión integral del trabajo humanitario en la dirección de un mayor protagonismo de lo local. Buena parte de los preceptos que configuran el conjunto de la agenda de localización merecen aplauso y suponen un progreso positivo en la línea de reducir las enormes distancias de todo tipo que existen entre proveedores y receptores de asistencia humanitaria. Sin embargo, MSF ha cuestionado que esta agenda no discrimine entre tipos de contextos y se proponga como panacea en contextos armados, dado que el impacto de la guerra es local y la confluencia con un poder de decisión también local puede resultar contraproducente.
Este artículo presenta algunas conclusiones de un análisis interno realizado en MSF entre 2015 y 2018 sobre la adhesión de su personal (local e internacional) a los principios humanitarios –en particular la imparcialidad y la neutralidad– en contextos de conflicto armado. Se trata de un tema abandonado, en el que las publicaciones provenientes del propio sector han sido manifiestamente escasas. La metodología ha incluido trabajo de campo en distintos proyectos de MSF en Sudán del Sur, Siria y la República Centroafricana,4 y cerca de un centenar de entrevistas, principalmente con el personal local en esos proyectos, pero también con otros miembros de las comunidades locales, con perfiles de coordinación de terreno experimentados en esos y otros contextos, y con figuras clave del Departamento de Operaciones de MSF. Conviene remarcar que el ámbito de este artículo se refiere en exclusiva a escenarios de conflicto armado y está particularizado en el personal local.
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IMAGEN: Más de 110.000 personas viven en pésimas condiciones en el campo de Protección de Civiles en Bentiu, en Sudán del Sur. Parte del personal de MSF es también desplazado y vive en el propio campo. © ROGIER JAARSMA
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Carina Chicet, con la colaboración de Niklas Rieger y Angus Urquhart en LA ACCIÓN HUMANITARIA EN 2019-2020: UNA AGENDA CONDICIONADA POR LA PANDEMIA
Durante el año 2019 se han continuado produciendo crisis graves y de larga duración, siendo los conflictos y los desplazamientos forzosos la causa fundamental de muchas de ellas. Se estima que 215,6 millones de personas necesitan ayuda humanitaria (AH) y que hay 5 países en los que la mitad de su población la necesita –Yemen, Siria, Sudán del Sur, la República Centroafricana y Palestina–. El número global de personas desplazadas se ha incrementado por octavo año consecutivo en 2019, siendo este incremento fundamentalmente de personas desplazadas internas (PDI).
La pandemia causada por la COVID-19 a principios de 2020 presentó un desafío sin precedentes para el sistema humanitario, tanto por su magnitud como por su complejidad. Un sistema humanitario que ya estaba en tensión tuvo que adaptarse y responder a las necesidades adicionales de las personas afectadas por la pandemia. Los fondos destinados a AH disminuyeron por primera vez el año 2019 desde el año 2012, cuando sin embargo los llamamientos humanitarios habían ascendido a su máximo histórico. Todo ello teniendo como telón de fondo la pandemia causada por la COVID-19, que ha aumentado aún más el número de personas que necesitan ayuda. Este capítulo presenta una descripción general de la financiación internacional en contextos de crisis durante 2019 y los primeros meses de 2020. Se analizan el número de personas que necesitan ayuda y los flujos de ayuda internacional.
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IMAGEN: Durante la intervención de MSF contra la COVID-19 en la Amazonía brasileña, fue necesario también evaluar otras enfermedades, como la diabetes, una patología crónica frecuente en las comunidades indígenas debido al cambio de hábitos de vida. © DIEGO BARAVELLI/MSF.