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Dos ataques a hospitales en Alepo (Siria) amenazan el Derecho Internacional Humanitario en la ciudad
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- Escrito por Miguel Borrajo González

La situación de caos que se vive en Alepo (Siria) no cambia a pesar de la tregua y los crímenes allí cometidos alcanzan cotas cada vez mayores. La semana pasada, el 27 de abril, el hospital de Al Quds, situado en la zona controlada por la oposición y apoyado por Médicos Sin Fronteras (MSF), sufría un bombardeo. Según Reliefweb, uno de los últimos recuentos demostraba que el ataque había dejado 58 víctimas, entre las que se contaban pacientes y personal médico del hospital y de las zonas colindantes.
El hospital de Al Quds llevaba recibiendo apoyo de MSF desde 2012 y no es la primera vez que ha recibido daños. Así, MSF ha emitido un comunicado en el que condena el ataque y muestra preocupación por las más de 250.000 personas de la región, que quedarán sin atención médica tras el ataque. De la misma manera, la organización humanitaria ha afirmado que durante el bombardeo ha muerto el último pediatra de la ciudad de Alepo. Otras organizaciones, como el Comité Internacional de la Cruz Roja, han tildado el ataque de “inaceptable”.
Pese a que no se ha podido identificar la aviación que realizó el ataque, las miradas están puestas en el régimen de Al Asad y sus aliados rusos, única facción del conflicto que cuenta con aviones de combate. Es importante recordar que la resolución 2254 del Consejo de Seguridad de la ONU de diciembre del año pasado exigía “que todas las partes pongan fin de inmediato a los ataques contra civiles y bienes de carácter civil, incluidos los ataques contra instalaciones sanitarias y personal médico, y cualquier uso indiscriminado de armas, incluso mediante ataques de artillería y bombardeos aéreos […]”. Además, el derecho internacional humanitario (DIH), el Convenio de Ginebra de 1949 y los Protocolos adicionales I y II de 1977, contemplan el ataque a zonas en las que se trata a heridos como crímenes de guerra. Precisamente ayer, martes 3 de mayo, el Consejo de Seguridad aprobaba la resolución 2286, impulsada por España, Uruguay, Japón, Egipto y Nueva Zelanda, en la que se condenaban nuevamente los ataques a personal médico y en la que se exigía a los Estados Miembro a proteger los servicios sanitarios y el DIH durante el conflicto.
De todas maneras, tanto Rusia como el ejército del régimen han negado ser los responsables de los misiles que atacaron el hospital, pero desde las ONG se informa de la intensificación del conflicto y de la amenaza a la paz y a la tregua que esto supone. Así, ante la necesidad de impedir que se vuelvan a suceder estas situaciones, varias organizaciones han realizado un llamamiento a la ONU para que se proteja el derecho a la asistencia sanitaria.
Desafortunadamente, ayer mismo, 3 de mayo, la oposición al régimen sirio efectuaba un ataque respuesta en el que se bombardeó, a su vez, el hospital de Al Dabit, en la zona controlada por el régimen, al norte de la ciudad. La agencia siria de noticias SANA ha elevado la cifra de bajas civiles en este ataque a 4, en el que se cuentan tres mujeres, además de 18 de heridos. Este ataque forma parte de una operación de lanzamiento de misiles más amplia que, según el Observatorio Sirio de Derechos Humanos, dejaba 19 víctimas.
El toma y daca de ambos bandos ha provocado una situación en la que se está violando sistemáticamente la protección del personal sanitario y heridos en la guerra y Joanne Liu, presidenta internacional de MSF, lo denunció con un discurso en la sesión del Consejo de Seguridad que se produjo ayer: “En las guerras de hoy los pacientes y los médicos son objetivos considerados legítimos”. Entre sus principales argumentos se cuentan los 2.400 ataques que el Comité Internacional de la Cruz Roja ha registrado a instalaciones médicas y personal sanitario entre 2012 y 2014 o los 75 hospitales de MSF atacados en 2015 (63 en Siria, 5 en Yemen, 5 en Ucrania, 1 en Afganistán y 1 en Sudán) y las 7 instalaciones médicas de la ONG que sufrieron ataques en los primeros meses de 2016. Con esta intervención, la presidenta de MSF exigió responsabilidades a los miembros del Consejo de Seguridad y pidió que se actuase para proteger el derecho a la asistencia médica.
Fuentes consultadas:
Comunicado de Joanne Liu, presidenta internacional de MSF, y Peter Maurer, presidente del Comité Internacional de la Cruz Roja.
Fuente fotografía: Freedom House. 2014. Ciudadanos de Douma en el objetivo de un ataque aéreo.
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- Escrito por Nuria Hernández García

El Humanitarian Policy Group (HGP)[1] y el Overseas Development Institute (ODI)[2] han publicado su informe: “Time to let go: remaking humanitarian action for the modern era” en el que señalan que es el momento de dejar ir algunos aspectos que han caracterizado hasta ahora el sistema humanitario internacional.
Estructura del Informe – 5 capítulos:
1. “Panorámica del sistema humanitario: orígenes occidentales y narrativas paralelas”, se centra en examinar la evolución del sistema humanitario actual, tanto su origen en Occidente hasta su transformación en lo que hoy se conoce como sector humanitario; y la historia de las tradiciones no occidentales que han influenciado la acción humanitaria ampliamente.
2. “Las tendencias actuales y la necesidad del cambio”, describe los factores que afectan al sector tales como: el carácter cambiante de los conflictos (más duraderos, menos intensos, basados en la identidad política, intra-estatales, más muertes civiles); el cambio climático y los desastres naturales; la AOD y la pobreza; la aparición de nuevos actores y el cambio en los patrones de poder; y la importancia del sector privado. Además señala la necesidad del cambio, de encontrar un consenso y construir puentes teniendo en cuenta las aproximaciones locales y regionales.
3. “Cuadrar el círculo: excepcionalidad e inclusión”, describe la tensión entre la excepcionalidad de la asistencia humanitaria y la necesidad tanto estratégica como operativa de abrir el sector a un conjunto de actores más diversificados que tengan interpretaciones diferentes sobre qué es ser humanitario, de forma que el sistema sea más inclusivo.
4. “Barreras que hay que cambiar: poder, percepciones e incentivos perversos”, investiga las maneras de trabajar que han provocado la sensación en la población afectada de que están siendo excluidas y examina cómo las dinámicas de poder y dinero, así como el entorno competitivo han impedido los cambios que necesita el sector humanitario.
5. “Conclusiones: hacia un humanitarismo más moderno”. En este último capítulo se ofrecen sugerencias sobre cómo resetear los elementos clave del sector para ayudarle a recuperar su legitimidad, capacidad y seguridad financiera.
El informe reconoce, a grandes rasgos, que el sistema humanitario ayuda a más personas afectadas en más lugares de lo que se podría haber imaginado una generación atrás. Aún así, y a pesar de este progreso no llega a cumplir la creciente demanda y las personas beneficiarias no ven con buenos ojos el sistema humanitario.
Y, aun así, el sistema humanitario, cabezota, se resiste al cambio. Las barreras hacia una relación más constructiva son altas:
- Dinero y poder. En 2014 el 83% de los fondos humanitarios proceden de gobiernos donantes en Europa y América del Norte. También hay una concentración entre las organizaciones humanitarias receptoras, siendo la mayoría de ellas agencias de Naciones Unidas. Esto provoca la reducción y la centralización de los actores humanitarios, así como asegura el poder de los donantes actuales, ya que la entrada de otros amenazaría su posición actual predominante.
- Competición destructiva. Hay altos niveles de inseguridad institucional, presiones competitivas e incertidumbre financiera en tanto que agencias de la ONU y ONG compiten para asegurar contratos con donantes y conseguir fondos. Esto ha llevado al oportunismo y a las acciones guiadas por interés propio.
- Responsabilidad ante los donantes. No ante los receptores de ayuda, lo que supone que en realidad las personas afectadas y beneficiarias tienen un poder limitado y escasa influencia en las labores de ayuda humanitaria.
- El sector humanitario siempre se ha visto diferenciado de otras formas de ayuda. Esto es cierto en tanto que los principios humanitarios están señalados para distinguir la acción humanitaria de otras formas de ayuda que persigan objetivos políticos o de seguridad. Sin embargo, la mayoría de organizaciones comprometidas en asistencia humanitaria la combinan con el desarrollo de derechos humanos o trabajos de resolución de conflictos. Esto supone que rara vez el supuesto compromiso con esos principios ha tenido reflejo en cómo las agencias humanitarias deberían aplicarlos en su trabajo, escogiendo dónde y cuándo se aplican y cuando no mina su utilidad y refuerza la imagen del sistema humanitario aplicando un doble rasero.
Así pues, la propuesta para el cambio pasaría por acoger las diferencias, dejar atrás el poder y el control, así como eliminar la perversión en los incentivos. Por todo esto es “Time to let go”.
Informe completo (en inglés)
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- Escrito por Nuria Hernández García

Cifras clave
- 21,2 millones de personas necesitan ayuda humanitaria. Esto supone más del 82% de la población yemení. De cada 5, 4 yemenís no tienen cubiertas sus necesidades básicas ni sus derechos humanos.
- La escalada de violencia ha provocado una media de 153 personas fallecidas o heridas al día. Los derechos humanos se violan más de 43 veces al día, según datos de Naciones Unidas.
- Se ha agravado la situación en sectores claves como la alimentación, o acceso a agua potable, saneamiento e higiene.
- Entre los grupos que se encuentran en situación de especial vulnerabilidad, se encuentran las mujeres, niños y niñas y refugiados que siguen llegando de terceros países a pesar del conflicto en Yemen, así como las personas desplazadas internas (PDI) que suman más de 2,5 millones.
Crisis humanitaria extrema
Desde que en marzo de 2015 estallara el conflicto en Yemen, la crisis humanitaria se ha agravado a niveles preocupantes. En el verano de 2015, la ONU declaró el conflicto como “emergencia de nivel 3”: afirmaba que el 80% de la población necesitaba asistencia humanitaria y que el país se encontraba “a un paso de la hambruna”. Y, sin embargo, a día de hoy sigue siendo una crisis invisible.
Según datos de la Oficina para la Coordinación de Asuntos Humanitarios (OCHA, por sus siglas en inglés), el 82% de la población necesita ayuda humanitaria para cubrir sus necesidades básicas y proteger sus derechos fundamentales, lo que representa un tercio más que en 2014. Más de 21,2 millones de personas permanecen olvidadas en la agenda internacional, entre las cuales hay 9,9 millones de niños y niñas que necesitan ayuda humanitaria urgente, según UNICEF.
La exacerbación del conflicto ha aumentado la crisis en los sectores claves: 3 de cada 4 yemeníes no tienen sus necesidades cubiertas; 2 millones de personas sufren malnutrición, lo que incluye a más de 1,3 millones de niños y niñas. 1,8 millones de niños y niñas han dejado de ir a la escuela desde inicios del conflicto, lo que representa un tercio de la población que se encuentra en edad escolar. Los colegios están ahora ocupados por grupos armados, están destruidos o dan alojamiento a las PDI que se han visto forzadas a abandonar sus hogares y a unirse a los 2,5 millones de personas que viven en tiendas, edificios públicos abandonados en pésimas condiciones sanitarias.
El 52% de las personas desplazadas son mujeres que tienen la responsabilidad de mantener y cuidar de sus familias, lo que acentúa aún más la desigualdad que sufren por el simple hecho de ser mujeres en Yemen. Esto hace que sea más difícil para ellas acceder a servicios básicos, sin el amparo de sus comunidades. El conflicto y el desplazamiento han acentuado la violencia de género, aumentando los casos de violencia sexual, doméstica, matrimonios infantiles y la prostitución a cambio de bienes básicos.
Otro de los colectivos más afectados son los refugiados. 460.000 personas no tienen ningún tipo de asistencia humanitaria y el conflicto yemení no los ha disuadido de entrar en el país manteniéndose la cifra en 60.000 desde enero de 2015, cifra que apenas ha sufrido alteraciones.
Las partes en conflicto acordaron un cese el fuego en diciembre de 2015 para permitir a los actores humanitarios el paso a áreas inaccesibles desde que dio comienzo. Sin embargo, se han denunciado hostilidades durante este periodo afectando a la respuesta humanitaria. Mientras, la comunidad internacional hace caso omiso a la situación en Yemen, dando prioridad a otros conflictos en la zona y dejando de lado a más de 20 millones de personas. Según el último informe de OCHA, el conflicto está cerca de afectar a toda la población. Y, todo ello, ante el silencio de países vecinos y de la comunidad internacional que no se inmutan ante la posibilidad de que un país entero vea violado sus derechos humanos y no tenga cubiertas sus necesidades básicas, ni se le proporcione asistencia humanitaria.
Bombardeos a Médicos Sin Fronteras (MSF)
En los últimos diez meses, la coalición liderada por Arabia Saudí ha bombardeado hospitales y escuelas en Yemen. Esta coalición está apoyada por el gobierno británico que colabora en la identificación de objetivos. Vickie Hawkins (Directora General de MSF en Reino Unido) denuncia los ataques a civiles como estrategia militar de “intolerables” (si han sido producto de errores), e “indignantes” (si han sido intencionados). “Los más afectados en los bombardeos son los pacientes que pierden el acceso a la atención médica”, lamenta.
MSF solicita al gobierno británico que “reafirme su compromiso” con el Derecho Internacional Humanitario y que lo mantenga “en cualquier coalición que apoye”. “La protección de civiles debe ser una alta prioridad” y es inaceptable que se califiquen estos ataques de daños colaterales, ya que así se permite la perpetuación de la “impunidad”.
Humanitarian Needs Overview 2016, OCHA
UNICEF Yemen Crisis Situation Report
IOM Yemen Crisis Regional Response - 21st January 2016
La norma no puede ser bombardear hospitales y escuelas (MSF)
Fuente de la fotografía: Flickr. Eesi, 2007, Ta’izz (Yemen)