Artículos y entrevistas

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Cifras clave

  • 21,2 millones de personas necesitan ayuda humanitaria. Esto supone más del 82% de la población yemení. De cada 5, 4 yemenís no tienen cubiertas sus necesidades básicas ni sus derechos humanos.  
  • La escalada de violencia ha provocado una media de 153 personas fallecidas o heridas al día. Los derechos humanos se violan más de 43 veces al día, según datos de Naciones Unidas.
  • Se ha agravado la situación en sectores claves como la alimentación, o acceso a agua potable, saneamiento e higiene.
     
  • Entre los grupos que se encuentran en situación de especial vulnerabilidad, se encuentran las mujeres, niños y niñas y refugiados que siguen llegando de terceros países a pesar del conflicto en Yemen, así como las personas desplazadas internas (PDI) que suman más de 2,5 millones.

Crisis humanitaria extrema

Desde que en marzo de 2015 estallara el conflicto en Yemen, la crisis humanitaria se ha agravado a niveles preocupantes. En el verano de 2015, la ONU declaró el conflicto como “emergencia de nivel 3”: afirmaba que el 80% de la población necesitaba asistencia humanitaria y que el país se encontraba “a un paso de la hambruna”. Y, sin embargo, a día de hoy sigue siendo una crisis invisible.

Según datos de la Oficina para la Coordinación de Asuntos Humanitarios (OCHA, por sus siglas en inglés), el 82% de la población necesita ayuda humanitaria para cubrir sus necesidades básicas y proteger sus derechos fundamentales, lo que representa un tercio más que en 2014. Más de 21,2 millones de personas permanecen olvidadas en la agenda internacional, entre las cuales hay 9,9 millones de niños y niñas que necesitan ayuda humanitaria urgente, según UNICEF.

La exacerbación del conflicto ha aumentado la crisis en los sectores claves: 3 de cada 4 yemeníes no tienen sus necesidades cubiertas; 2 millones de personas sufren malnutrición, lo que incluye a más de 1,3 millones de niños y niñas. 1,8 millones de niños y niñas han dejado de ir a la escuela desde inicios del conflicto, lo que representa un tercio de la población que se encuentra en edad escolar. Los colegios están ahora ocupados por grupos armados, están destruidos o dan alojamiento a las PDI que se han visto forzadas a abandonar sus hogares y a unirse a los 2,5 millones de personas que viven en tiendas, edificios públicos abandonados en pésimas condiciones sanitarias.

El 52% de las personas desplazadas son mujeres que tienen la responsabilidad de mantener y cuidar de sus familias, lo que acentúa aún más la desigualdad que sufren por el simple hecho de ser mujeres en Yemen. Esto hace que sea más difícil para ellas acceder a servicios básicos, sin el amparo de sus comunidades. El conflicto y el desplazamiento han acentuado la violencia de género, aumentando los casos de violencia sexual, doméstica, matrimonios infantiles y la prostitución a cambio de bienes básicos.

Otro de los colectivos más afectados son los refugiados. 460.000 personas no tienen ningún tipo de asistencia humanitaria y el conflicto yemení no los ha disuadido de entrar en el país manteniéndose la cifra en 60.000 desde enero de 2015, cifra que apenas ha sufrido alteraciones.

Las partes en conflicto acordaron un cese el fuego en diciembre de 2015 para permitir a los actores humanitarios el paso a áreas inaccesibles desde que dio comienzo. Sin embargo, se han denunciado hostilidades durante este periodo afectando a la respuesta humanitaria. Mientras, la comunidad internacional hace caso omiso a la situación en Yemen, dando prioridad a otros conflictos en la zona y dejando de lado a más de 20 millones de personas. Según el último informe de OCHA, el conflicto está cerca de afectar a toda la población. Y, todo ello, ante el silencio de países vecinos y de la comunidad internacional que no se inmutan ante la posibilidad de que un país entero vea violado sus derechos humanos y no tenga cubiertas sus necesidades básicas, ni se le proporcione asistencia humanitaria.

Bombardeos a Médicos Sin Fronteras (MSF)

En los últimos diez meses, la coalición liderada por Arabia Saudí ha bombardeado hospitales y escuelas en Yemen. Esta coalición está apoyada por el gobierno británico que colabora en la identificación de objetivos. Vickie Hawkins (Directora General de MSF en Reino Unido) denuncia los ataques a civiles como estrategia militar de “intolerables” (si han sido producto de errores), e “indignantes” (si han sido intencionados). “Los más afectados en los bombardeos son los pacientes que pierden el acceso a la atención médica”, lamenta.

MSF solicita al gobierno británico que “reafirme su compromiso” con el Derecho Internacional Humanitario y que lo mantenga “en cualquier coalición que apoye”. “La protección de civiles debe ser una alta prioridad” y es inaceptable que se califiquen estos ataques de daños colaterales, ya que así se permite la perpetuación de la “impunidad”.

Humanitarian Needs Overview 2016, OCHA

 

UNICEF Yemen Crisis Situation Report

IOM Yemen Crisis Regional Response - 21st January 2016

La norma no puede ser bombardear hospitales y escuelas (MSF)

Fuente de la fotografía: Flickr. Eesi, 2007, Ta’izz (Yemen)

 
 
 
 
 
 
 

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Cifras clave

• Entre 1991 y 2010, sólo el 0,04% de la AOD fue destinada a RRD

• En 2013, sólo el 65% de las necesidades humanitarias fueron cubiertas, quedando 4,6 mil millones de dólares de necesidades sin cubrir.

• Entre 2007 y 2013, la financiación directa a actores nacionales y locales fue sólo el 2% de la asistencia humanitaria anual. Las ONG locales reciben menos del 0,1%.

Pese a que ha sido demostrado que la respuesta local en las crisis humanitarias es mucho más rápida y efectiva que la internacional, tanto los donantes como las organizaciones humanitarias continúan sin depositar la suficiente confianza y recursos en los actores locales. La consecuencia fundamental de esta política es la pérdida de vidas que podrían ser salvadas. Es la idea principal extraída del informe publicado por Oxfam titulado "Turning the Humanitarian System on its Head".

Una acción humanitaria que no atiende a las necesidades reales

El actual sistema internacional humanitario no ofrece una respuesta adecuada a las crisis que acaecen hoy en día. En primer lugar, no es acorde con las necesidades de las poblaciones afectadas. Por ejemplo, mientras que el sector de la ayuda alimentaria ha sido financiado en un 84% durante el periodo 2009-2013, el resto de sectores están muy por debajo de esta cifra, quedando sin atender numerosas necesidades, especialmente en ámbitos tan relevantes para la acción humanitaria como el de la protección.

Además de insuficiente, la respuesta llega demasiado tarde, debido a la condición voluntaria de la entrega de ayuda por parte de los donantes. Dado lo crucial de la emergencia en las crisis humanitarias, la lentitud de la comunidad internacional en hacer frente a las mismas tiene consecuencias en la pérdida de vidas humanas. Además, existe una falta de inversión en las capacidades locales. Los donantes internacionales prefieren otorgar los fondos al sistema de Naciones Unidas, que recibe el 61% de la financiación, al Movimiento Internacional de la Cruz Roja (9%) o a las ONG (19%), siendo la mayoría de estas ONG internacionales. Por el contrario, apenas un 2% de los recursos se destinan a actores locales, tanto gobiernos como ONG nacionales y locales.

¿Por qué es importante la apropiación local?

La apropiación local es fundamental en el actual sistema humanitario por diversas razones. La primera y primordial de todas ellas es que salva vidas. Los actores locales son los primeros en responder ante una crisis porque ya se encuentran allí. Una respuesta rápida significa menos vidas perdidas, menos heridos y menos daños. Pero no sólo salvan vidas en la respuesta a la crisis, sino también en la anticipación a la misma, mediante mecanismos de alerta temprana y el conocimiento de señales que muestren que un desastre natural puede suceder. Su conocimiento del contexto es muchísimo mejor en todos los sentidos que el de cualquier actor internacional. La historia, las relaciones sociales, las costumbres, las dinámicas de poder y desequilibrios y las capacidades existentes son un conocimiento que poseen de antemano y que resulta clave a la hora de afrontar las crisis. También contribuye a ello las lecciones aprendidas del tratamiento de otras crisis ya que, a diferencia de los actores internacionales, los actores locales son siempre los mismos. El aprendizaje de anteriores respuestas permite adecuar los mecanismos de prevención y reducción del riesgo de manera más apropiada.

En contextos de conflicto, el acceso también es mucho más sencillo para las ONG locales, que conocen el terreno y pueden negociar con las partes al ser percibidos de manera más neutral. La respuesta local también es mucho más eficiente en términos de coste económico, ya que no implica grandes gastos logísticos ni de transporte, ni otros como seguros para personal internacional. En relación al coste-beneficio, la respuesta local es más ventajosa. Finalmente, el enfoque de las ONG locales es mucho más comprehensivo, abordando tanto la prevención y la preparación como la respuesta inmediata y la rehabilitación. Además, rinden cuentas ante los ciudadanos directamente afectados, además de permitir su implicación directa.

Desafortunadamente, no siempre es posible la apropiación local, especialmente en contextos de conflicto, cuando el gobierno es una de las partes implicadas, o en situaciones de desastres naturales especialmente graves que los gobiernos locales no pueden afrontar con sus propios medios. Ello no significa que la inversión en capacidades locales no sea el camino a seguir, lo que no implica que los actores internacionales no puedan seguir interviniendo, pero siempre teniendo en cuenta la apropiación local en la respuesta.

Razones para la escasa apropiación local

Pese a la constatación de que el liderazgo local es la vía más efectiva para hacer frente a las crisis humanitarias, aún es escasa su verdadera importancia a nivel internacional. Algunas de las razones que explican esta carencia son: el dominio de unos cuantos actores claves del sistema humanitario, especialmente los países donantes del CAD, el sistema de Naciones Unidas y las grandes ONG internacionales; el hecho de que la ONU se encuentre por encima del resto de actores, al recibir el 61% de toda la financiación humanitaria; las políticas restrictivas establecidas por los donantes y las condicionalidades, por ejemplo: la negación de recursos a determinados países porque estos puedan ser desviados a financiación del terrorismo internacional, corrupción o blanqueo de dinero, dificulta el acceso de las ONG nacionales y locales a financiación internacional; los desequilibrios en la financiación, con las estrategias de Reducción del Riesgo de Desastres (RRD) recibiendo menos de un 10% del total de financiación humanitaria; la preferencia de la ONU por ONG internacionales como socios implementadores de sus proyectos en lugar de actores locales, lo mismo que sucede con las propias ONG, quienes prefieren actuar directamente sobre el terreno que financiar contrapartes locales.

Por su parte, los gobiernos de los países afectados también contribuyen a esta situación al no invertir suficiente tanto en la respuesta humanitaria como en mecanismos de RRD, preparación ante desastres, alerta temprana y otros, que contribuyen a mitigar sus efectos devastadores. Esto provoca que dichos gobiernos no cumplan con su obligación de proteger a los ciudadanos y que la asistencia humanitaria que realizan no lo sea de forma efectiva ni imparcial.

Recomendaciones para el cambio

Para mejorar esta situación y conseguir que el actual sistema humanitario dé un vuelco hacia la apropiación local, algunas recomendaciones de Oxfam son las siguientes:

• Fomentar un mayor liderazgo de los actores locales en la respuesta humanitaria, fijando roles claros para los actores internacionales. El liderazgo local debe ser fomentado en la medida de lo posible, adecuándose el papel de las organizaciones humanitarias internacionales al contexto de la crisis y a las capacidades locales de respuesta.

• Otorgar una financiación adecuada a los actores locales. Establecer porcentajes mínimos de financiación destinados a la potenciación de las capacidades locales, así como el posible establecimiento de tasas internacionales destinadas a financiar aspectos concretos. Además, es necesaria una mayor transparencia sobre los fondos que las ONG internacionales destinan a las ONG nacionales y locales.

• Un mayor vínculo entre ONG internacionales y locales, basado en el respeto y la confianza, así como un fortalecimiento de las capacidades locales que tiene como resultado evidente una respuesta más efectiva a las crisis y contribuye a salvar un gran número de vidas.

Informe Oxfam "Turning the Humanitarian System on its Head"

Fuente fotografía: Fatoumata Diabate/Oxfam, 2012. Cash-for-work and Disaster Risk Reduction in Niger.

 
 
 
 
 
 
 

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Son ya tres meses los que han pasado desde que la tierra tembló bajo los pies de los nepalíes dejando devastadoras consecuencias. En su informe "Nepal Earthquake Humanitarian Situation Report" publicado el pasado 25 de julio acerca de la situación humanitaria del país, UNICEF se muestra optimista sobre la recuperación de esta región así como pone de manifiesto las grandes dificultades que aún atraviesa la población y que sufren especialmente los grupos más vulnerables de ésta, como los niños y niñas.

Optimismo, pero con los pies en la tierra

La mejora en la situación humanitaria del país se debe, en gran parte, a la sobresaliente respuesta que la comunidad internacional proporcionó tras la catástrofe cuyas pérdidas se estiman en siete mil millones de dólares. El 22 de junio el Gobierno de Nepal declaraba el final de la fase de emergencia y varios países reducían sus restricciones para viajar al país.

Pese a estos avances, la vida de gran parte de la población está lejos de volver a la normalidad. Alrededor de 5,2 millones de personas viven en los 31 distritos afectados, de las cuales 2,8 millones residen en los 14 distritos más perjudicados y siguen requiriendo asistencia humanitaria vital.

Doble esfuerzo

Con el todavía reciente recuerdo de los seísmos ha llegado, como cada año, el monzón de junio. El impacto de las lluvias torrenciales ha empeorado la situación dificultando el acceso a los distritos más remotos del país, lo que se traduce en una demora del proceso de recuperación tras los terremotos. Además, se estima que un 90% de la población afectada por los mismos vive en áreas con alto riesgo de deslizamiento de tierras e inundaciones.

La temporada de monzones que, por lo general, dura tres meses, puede traer consigo brotes de enfermedades contagiosas mortales como el cólera o la diarrea debido a que las grandes precipitaciones exacerban las ya de por sí pobres condiciones higiénicas y sanitarias. Como medida de prevención, se han repartido 400.000 kits sanitarios, además de proporcionar agua potable sin riesgo de infecciones a más de 600.000 personas en sus hogares y campamentos.

Asimismo, las instalaciones sanitarias, escuelas y refugios corren el riesgo de aislarse aún más como consecuencia de las inundaciones que imposibilitan el acceso de pacientes a cuidados vitales, impiden que los niños y niñas continúen asistiendo a la escuela y obstaculizan la llegada de suministros de emergencia a los refugios.

Lo que nos dicen las cifras

Una respuesta humanitaria eficaz y completa requiere de la actuación sobre distintos núcleos que, propiamente abordados, contribuyan a la reparación total de los daños.

Agua, saneamiento e higiene: El agua potable o unas condiciones higiénicas oportunas son garantes de salud y evitan la propagación de enfermedades infecciosas. Alrededor de 1.140.000 personas en los distritos más gravemente dañados carecían, tras los terremotos, de acceso a una cantidad adecuada de agua potable para beber, cocinar o asearse. UNICEF, en su lucha contra estas condiciones, ha llegado a 840.000 personas a las que ha proporcionado suministros de jabón o agua limpia.

Nutrición: Una alimentación propia en edades de crecimiento queda relegada a un segundo plano en situaciones de emergencia donde la comida escasea. Con el fin de evitar la desnutrición en la población más joven se han llevado a cabo programas de concienciación sobre los beneficios de la lactancia materna. Además, se ha tratado a 1.055 niños y niñas con serios problemas nutritivos en los Programas Terapéuticos para Pacientes no hospitalizados (OTP, por sus siglas en inglés).

Salud: El ámbito sanitario centra la atención de la respuesta más inmediata tras un desastre natural con el objetivo de aliviar el trauma provocado y asegurar un acceso equitativo al cuidado médico. UNICEF proporcionó a esta causa 293 campamentos, 400 equipos con material quirúrgico o 1.080 kits de asistencia en el parto entre muchas otras aportaciones.

Protección infantil: La protección infantil busca evitar la trata de niños y niñas, así como su explotación o la separación de sus familias. En este aspecto, UNICEF aboga por los mecanismos comunitarios en los que se involucren distintos actores de la sociedad. Esta estrecha colaboración ha dado como resultado el rescate de 513 mujeres y niños/as en peligro de entrar en una red de trata de personas o la creación de programas de apoyo psicológico que han llegado a 89.371 niños, niñas, padres y madres.

Educación: Volver a la escuela lo antes posible contribuye, en gran medida, a la recuperación psicológica de niños y niñas víctimas de un desastre natural. Para ello UNICEF ha habilitado 1.061 centros de enseñanza temporales y ha formado a 2.414 maestros y maestras en temas de asistencia psicológica para sus alumnos.

Comunicación: Los canales de comunicación dentro de una comunidad promueven el diálogo entre la población afectada y la difusión de información que puede llegar a salvar vidas como la previsión de monzones o desplazamientos de tierra. Durante la respuesta humanitaria se han emitido mensajes radiofónicos de información y ayuda a través de las estaciones de radio de 65 comunidades.

Niños y niñas, víctimas de la desesperanza

La vulnerabilidad de la población más joven se ve incrementada tras un desastre natural exponiéndoles a grandes riesgos. Un escenario post desastre es, a menudo, testigo de situaciones desesperadas donde los niños y niñas son las principales víctimas.

"Le abandonamos pues no pensábamos que hubiese esperanza de que sobreviviera" – declara un padre refiriéndose a su hijo de seis años con neumonía crónica que, tras el terremoto, no podía recibir los cuidados y medicamentos que necesitaba.

"Le ofreció un trabajo mejor en otra ciudad, a salvo de terremotos y con buenas condiciones laborales. Cuando llegaron a la frontera con India el pánico en la cara de Sapana no pasó desapercibido para los trabajadores de una ONG que lograron rescatarla".

El abandono o el tráfico de niños y niñas resultan de situaciones extremas donde la primera y única prioridad es la supervivencia. Para hacer frente a este tipo de desenlaces son necesarios programas de nutrición y asistencia sanitaria infantil, así como de tratamientos psicológicos que hagan frente a las secuelas de la crisis.

Por último, es importante asegurar que los niños y niñas puedan regresar lo antes posible a un entorno educativo seguro donde los profesores hayan recibido formación previa para aportar el apoyo psicológico adecuado a sus alumnos y alumnas.

A lo largo de los tres últimos meses, la comunidad internacional ha respondido rápida y generosamente a las necesidades de la población infantil de Nepal proporcionándoles agua potable, refugios, equipamientos sanitarios e higiénicos, apoyo nutricional además de soporte psicológico a ellos y sus familias.

Ahora que Nepal ha dejado de acaparar las portadas de los diarios, el trabajo para que sus habitantes recuperen la normalidad en sus vidas no debe estancarse.

Informe de situación

 
 
 
 
 
 
 

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Cifras clave:

• En el mundo hay 58 millones de niños y niñas en edad escolar primaria sin escolarizar, de los que 28,5 millones se encuentran en zonas afectadas por crisis y conflictos.

• El sector educativo recibe únicamente un 2% de toda la ayuda humanitaria y sólo el 38% de los llamamientos de emergencia respecto a este sector.

• El objetivo del 4% no es suficiente. Esto sólo alcanzaría a 7 millones de niños y niñas de los 28,5 estimados. A día de hoy sólo reciben educación en situaciones de emergencia 3,4 millones.

La aparición de la educación en emergencias como un sector de importancia en las respuestas humanitarias tiene lugar después de la Segunda Guerra Mundial, si bien durante décadas esta necesidad ha sido suplida a nivel local y humanitario. Sin embargo, en los años noventa comienza a adquirir relevancia para los donantes internacionales, estableciéndose algunas organizaciones como la Red Interagencial para la Educación en Situaciones de Emergencia (INEE, por sus siglas en inglés) y algunos estándares normativos, aunque la prioridad siguen siendo las actividades destinadas a salvar vidas.

A partir de mediados de la década del año 2000, obtiene impulso este sector a través de iniciativas como la creación del Clúster de Educación en 2007 y un cambio en el enfoque de la acción humanitaria, pasando de la centralidad de salvar vidas a la promoción de los medios de vida y su sostenibilidad. Asimismo, se aprecia la necesidad de fomentar la educación en estados frágiles y en conflicto como una medida de protección de la infancia y de construcción de paz.

Situación actual de la educación en zonas de crisis y conflicto

El Consejo Noruego para los Refugiados (NRC) y Save the Children acaban de publicar un informe conjunto (julio 2015) titulado Walk the talk. Review of donor's humanitarian policies on education, en el que analizan la situación actual del sector educativo en las emergencias humanitarias, su financiación e implementación y las políticas en esta área de los donantes clave. Los rasgos más relevantes resaltados en el informe son los siguientes:

La educación en emergencias continúa infradotada. Muchos donantes siguen priorizando las actividades destinadas a salvar vidas. Aunque desde 1999 los fondos para este sector han aumentado de forma considerable, no existe un patrón consistente a lo largo de los años, sufriendo numerosos altibajos. En términos porcentuales, sólo un 38% de los fondos solicitados para el sector educativo en los llamamientos humanitarios han sido aportados, suponiendo únicamente un 2% de la ayuda humanitaria total. Los 13 mayores donantes en este sector suman casi el 70% de la contribución total al mismo entre los años 2006 y 2014.

Por ello, alcanzar el objetivo previsto del 4% del total de la ayuda humanitaria no es suficiente. El 2% actual sólo incluye a 3,4 millones de niños y niñas en países en situación de crisis y conflicto. El 4% únicamente afectaría a 7 millones de los 28,5 millones de niños y niñas sin escolarizar.

Por otra parte, no está claro cómo se organiza el panorama de financiación de la educación en emergencias. Los datos ofrecidos por el Financial Tracking Service (FTS) de OCHA no son suficientes. Ello es en gran medida debido a la falta de claridad o la directa ausencia de políticas de educación en emergencias por parte de los países donantes. Muy pocos de ellos han centrado su atención en este sector, cubriéndolo en sus estrategias de asistencia humanitaria o, de manera más específica, en estrategias para el sector educativo. La Unión Europea ha desarrollado un libro blanco estableciendo principios, objetivos y áreas de interés sobre la educación en emergencias. Estos planes y estrategias cubren, en general, la educación en todo tipo de emergencias, especialmente estados frágiles y afectados por conflicto, construcción de paz y estabilidad, protección y rehabilitación y reconstrucción.

Sin embargo, las decisiones no se encuentran muy institucionalizadas debido a que suelen recaer en actores del nivel local y las políticas de los donantes al final están más marcadas por la situación local que por lo establecido por agencias multilaterales. Por ello, es necesaria una mejor coordinación y distribución, especialmente en contextos complicados. Asimismo, es fundamental superar la división entre humanitarismo y desarrollo, estableciendo uniones entre la educación en emergencias y las políticas de desarrollo educativas, así como el establecimiento de fondos de contingencia en los planes de desarrollo que puedan ser desviados en caso de emergencia.

Finalmente, se persigue aumentar el foco de los donantes en la calidad y el contenido, haciendo énfasis en la calidad de los resultados y estableciendo estándares para la calidad y la rendición de cuentas a través de mecanismos de monitoreo y evaluación adecuados y solicitando a los receptores la adhesión a los Estándares Mínimos de Educación establecidos por el INEE.

Recomendaciones recogidas en el informe

A los donantes y legisladores:

• Aumentar los fondos para la educación en emergencias, llegando al mínimo del 4% de su ayuda humanitaria total.

• Mejorar la distribución de la ayuda para la Educación en Emergencias y superar la brecha entre emergencias y desarrollo.

• Conseguir datos más exhaustivos sobre la financiación de la Educación en Emergencias que ayuden a tener un mejor conocimiento y permitan dedicar más fondos acorde a las necesidades.

• Mejorar las políticas de los donantes para garantizar un apoyo a la calidad de la Educación en Emergencias previsible, consistente y transparente. Estas políticas deben cubrir las fases de preparación, respuesta y recuperación así como concebirse con una financiación multianual y en coordinación con las políticas de desarrollo.

• Apoyar el desarrollo de un conjunto de evidencias para la Educación en Emergencias que monitoree y evalúe la eficacia de las estrategias, políticas planes y programas.

• Invertir de forma creciente en la calidad y la coherencia de la Educación en Emergencias a través de iniciativas y redes colaborativas internacionales.

• Contribuir a la seguridad de los niños y niñas en las escuelas, implementando la Declaración sobre Escuelas Seguras y las Directrices para prevenir el uso militar de escuelas y universidades durante conflictos armados (2014).

• Asegurarse de que los fondos destinados a la educación logran llegar a su objetivo final.

A los actores humanitarios:

• Mejorar la rendición de cuentas de cara a las comunidades afectadas. Los recursos y prioridades deben ser acordes a las necesidades percibidas por las personas afectadas, que deben ser escuchadas e incluidas en la toma de decisiones.

• Investigar y documentar las necesidades totales de la Educación en Emergencias.

• Inversión en monitoreo y evaluación para desarrollar evidencias sustanciales de cara a la mejora de la toma de decisiones en apoyo de la calidad de la Educación en Emergencias.

• Asegurarse de que la educación recibe prioridad en el terreno y de que los fondos recibidos son asignados acorde a las necesidades existentes.

• Contribuir a los esfuerzos para promover la Educación en Emergencias ligados a la agenda post-2015.

A los países en crisis o en conflicto:

• Mejorar la rendición de cuentas de cara a las comunidades afectadas por el conflicto. Los gobiernos deben garantizar que los niños y niñas reciben educación en contextos de emergencia y han de establecer los mecanismos necesarios ante posibles situaciones de este tipo.

• Asegurar el acceso a todos los actores humanitarios.

• Garantizar que las escuelas son lugares de construcción de paz, mediante la provisión de una educación libre para todos los niños y niñas y jóvenes, que incorpore enfoques sensibles al conflicto y se asegure de que la educación no contribuye a aumentar el caldo de cultivo del enfrentamiento, sino que forma parte del proceso de paz.

• Asegurarse de que los niños y niñas están seguros en las escuelas, reconociendo los colegios como zonas de paz e implementando la Declaración sobre Escuelas Seguras y las Directrices para prevenir el uso militar de escuelas y universidades durante conflictos armados (2014) y garantizar que las partes en conflicto cumplan con las mismas.

Informe Walk the talk. Review of donor's humanitarian policies on education (2015).